El pasadizo secreto del castillo de Bellver

Poco podía imaginar el rey Jaime II de Mallorca, cuando ordenó construir en el siglo XIV su fortaleza en la isla, que siete siglos más tarde el castillo de Bellver sería uno de los poquísimos castillos de planta circular en toda Europa, y el más antiguo de todos.

Esta maravilla gótico-catalana, con su patio de armas y sus cuatro almenas en perfecto estado, se eleva a 112 metros sobre el nivel del mar y es una de las principales atracciones culturales de la isla. Desde el bosque de tres kilómetros que lo rodea, además de disfrutar de un relajante paseo, podrás contemplar las mejores vistas de Palma de Mallorca y su bahía.

Como todo castillo medieval que se precie, el castillo de Bellver también tiene sus leyendas. Entre ellas, una misteriosa gruta subterránea cuyo origen los arqueólogos todavía no han logrado esclarecer. La principal hipótesis es que podría tratarse de una vía de escapatoria ordenada construir por el rey, con salida al mar, en caso de que la fortaleza fuera asaltada.

A solo 5 minutos en coche desde el centro de Palma podrás alojarte en un hotel de 5 estrellas en Playa de Palma de Iberostar, y descubrir, entre otras, la exquisita gastronomía de sus restaurantes con vistas al mar. Así como relajarte en sus spas, ideados para tu completo descanso, tras descubrir estas curiosidades y leyendas de Mallorca.

  • un primer plano de un puente
  • una vista de una habitación sucia

El guardián del tesoro en las cuevas del Drach

Pasear entre impresionantes estalactitas y estalagmitas, subiendo y bajando entre las rocas hasta llegar a uno de los lagos subterráneos más grandes del mundo, con unas medidas de 117 metros de largo por 30 metros de ancho. Las cuevas del Drach, ubicadas en Porto Cristo y de las que ya existe constancia en la Edad Media, son un tesoro natural digno de admirar.

un grupo de personas en una habitación oscura

El alma de la catedral de Mallorca

“Por fuera verás su armadura, pero entra y verás su alma”. Con estas palabras definió el pintor e impulsor del movimiento modernista, Santiago Rusiñol, a la catedral de Mallorca, el impresionante monumento gótico construido en 1229 frente a la bahía de Palma.

Y no es para menos. Visitar La Seu, tal como la llaman los mallorquines, te resultará una experiencia inolvidable. Restaurada, entre otros, por el famoso arquitecto Antoni Gaudí, cuenta con siete rosetones que la dotan de una serena belleza. El más famoso de todos es el conocido como el Ojo Gótico, un rosetón de 13 metros de diámetro protagonista de uno de los fenómenos más mágicos y misteriosos de la isla.

Únicamente dos días al año, el 2 de febrero y el 11 de noviembre, y siempre minutos antes de las 8 de la mañana, este rosetón produce el espectáculo del ocho. En ese momento, los rayos del sol atraviesan el vitral de 1.116 piezas de colores, creando una atmósfera mágica en el interior del templo. Y es entonces cuando esta luz se refleja en el rosetón situado justo enfrente, al otro lado de la basílica, dibujando un ocho gigantesco de miles de colores que es conocido como el alma de la catedral.

Nada más llegar al pequeño pueblo de Valldemossa, rodeado de verdes montañas, el ya célebre músico dijo que aquel era “el lugar más hermoso del mundo”.

Aunque no se trate de una leyenda propiamente, si es mítica la estancia de Chopin y Sand en Valldemossa, donde ocuparon durante varios meses dos celdas en la Real Cartuja de Valldemossa, un antiguo monasterio del siglo XIV. A la suya, la número 4, que hoy puede visitarse, el músico se hizo traer su piano desde Polonia. Y si bien no logró mejorar de su enfermedad, sí logró al menos convertir el dolor en belleza componiendo algunos de sus más famosos preludios, obras maestras de la música para piano. 

Honderos mallorquines, el ejército más temido

¿Sabías que los honderos mallorquines fueron considerados como uno de los mayores y más feroces ejércitos de la Edad Antigua? Temidos por su gran eficacia y arrojo, cuenta la leyenda que desde muy pequeños eran entrenados por sus propias madres en ejercicios de destreza, en los que tenían que derribar con su honda el alimento que pendía de una rama para poder comer.

Los honderos de la isla iban armados con tres hondas: una para proyectiles de gran tamaño, otra para proyectiles que necesitaban de mayor precisión y otra para las distancias más cortas. Las hondas se elaboraban con lino, esparto o crin de caballo. Los proyectiles eran rocas de diferentes tamaños o bolas pesadas de plomo. El alcance de la honda podía llegar hasta los 100 metros de distancia.