Hotel todo incluido
Luxury & Lifestyle

Mi primera vez en un todo incluido

Los hoteles en régimen de Todo Incluido ofrecen planes y propuestas para todo tipo de viajeros

Podría haber esperado un anillo. Pero... ¿Una pulsera? Aniversario y caja azul pastel es algo así como blanco y en botella: una esmeralda, un zafiro, un diamante... Cualquiera de ellos cabía dentro de esa caja. Pero resultó que no, que era una pulsera. Pero una sin zafiros, ni diamantes ni esmeraldas, sino de esas que se ajustan a la muñeca y que tienen un nombre escrito en ella (y no precisamente el mío): Iberostar Costa Dorada-Puerto Plata  acompañada de una nota: ¡Nos vamos a República Dominicana! En otras palabras: una invitación a un hotel Todo Incluido.

Normalmente, cuando te dicen que te vas a pasar una semana en un Todo Incluido en el Caribe, pueden suceder dos cosas: que te vengas arriba con la idea de unas vacaciones-barra-libre-con-hamaca-y-cóctel-con-sombrilla-bajo-un-cocotero-semiflexionado, o que te quedes un poco fría imaginando un viaje cuyo relato se podría escribir incluso antes de viajar (Día 1: Érase una vez yo, bajo mi cocotero semiflexionado. Día 8: FIN)

Esta es una crónica plagada de buenísimas razones de cómo pasé de estar en el segundo estado al primero. O lo que es lo mismo, de cómo una semana en un Todo Incluido me hizo volverme una ‘All Inclusive supporter’:

  • Hotel todo incluido - República Dominicana
  • Hotel todo incluido - vacaciones perfectas

Porque (lo mires como lo mires) es mucho más fácil (y todo sale mejor)

La razón primera y principal por la que cambié de bando es esta: viajar a un Todo Incluido lo hace todo más sencillo. Garantizado. Normalmente, cuando estás planeando un viaje rastreas en buscadores, metabuscadores y la madre de todos los buscadores, a la caza de la mejor combinación de vuelo, hotel y traslados. Cierras, vuelves a abrir el explorador. Apagas, reinicias, lo intentas otro día haciendo conjeturas de cuándo la otra parte del mundo está durmiendo y a nadie se le ocurre comprar un vuelo o reservar una hotel en Puerto Plata para que baje la demanda. 

Y luego están las cuestiones presupuestarias. Haces cuentas en servilletas, en folios, en Excels… Comidas, transporte, alojamiento, actividades, bebidas etc. planeando al milímetro lo que te vas a gastar y dejando poco espacio a la improvisación, al dejarse llevar cuando algún factor inesperado irrumpe en las vacaciones. Los caprichos, arrebatos y cambios de opinión de última hora no tienen consecuencias negativas en un Todo Incluido. Aquí se puede hacer eso y mucho más, decir aquello de “póngalo todo en mi cuenta” sin tapujos, siendo lo que me voy a gastar lo único previsible en mi viaje.

 

Porque ahora soy de bañador y pareo (literal)

Ir a la playa ha sido siempre un ejercicio de sesudo análisis vacacional, de decisiones importantes diarias y un nido de conflictos conyugales. ¿Qué me llevo? ¿bañador, biquini? ¿Sombrilla, hamaca? Ya no es problema porque bajo con lo puesto, (sea lo que sea), y me tumbo cual Beyoncé (pero sin paparazzi). Y pido mi zumo de frutas natural a media mañana y mi expreso humeante y delicioso después de comer. Todo ello sin necesidad de llenar mi bolsa de “por si acasos” y complementos superfluos ni preocuparme de ninguno de ellos cuando me meto en el Caribe. Porque claro, esa es otra, esto es el azulísimo, paradisiaco e impresionante Mar Caribe. 

 

Por todos los libros de mi wish list

Poner el off, guardar la hiperactividad en el cajón y sacar de él, a cambio, un libro detrás de otro. Aquí no hay que preocuparse por nada, ni por dónde comes ni tienes que improvisar planes. Tras mi conversión soy más feliz, porque en vacaciones aprovecho para ponerme al día con todos esos títulos que tengo pendientes; hago (con gusto) mis ‘deberes’ literarios e, incluso, escribo, a la sombra de estos jardines tropicales bajo los cuales es imposible no inspirarse ni hacer volar a la mente. Vamos, que es un planazo con todas las letras: P-L-A-N-A-Z-O.

 

Porque aquí los niños están en su propio mundo

Diminutos, gateadores, correcaminos o adolescentes… da igual los años que tengan, lo que les guste o lo que busquen, aquí lo tienen todo: sus columpios, sus piscinas, sus talleres de deporte, de pintura, sus actividades a la hora de la siesta, sus actuaciones por el día y por la noche y hasta su propia zona y menú en el restaurante. Luego, por supuesto, hay que añadir los amigos que conocen cada día, los nuevos juegos que aprenden y -Thank God!- el milagro casi imposible de hacerlos desconectar de la tecnología aunque sea por un rato: los hoteles Todo Incluido para familias es un plan perfecto para ellos y, por qué no reconocerlo, para las parejas o grupos que vienen sin ellos.

 

Porque aparco el coche

Me paso el año entero metida en atascos; de casa al trabajo y del trabajo a casa. Y las compras, y los recados… y en vacaciones lo último que me apetece es conducir como trámite para todas estas cosas. Desde que viajo a hoteles todo incluido de este tipo no conduzco en verano; salvo para recorrer carreteras bonitas, hacer una excursión o descapotarme por gusto. Aquí tengo todo a un paso: la playa, la piscina, las tiendas, los restaurantes... De hecho, es tal mi desconexión, que desde que viajo en estas condiciones me ‘cuesta’ acostumbrarme al volante, las prisas y los parquímetros a mi regreso.

Hotel todo incluido - delicioso desayuno buffet

Por el desayuno

Es una de las grandes fantasías de alojarse en un hotel todo incluido: saltar de la cama y bajar a un buffet de desayuno delicioso para empezar el día como Dios manda. Coger un plato y empezar a pasear entre las estaciones colocadas como si fueran un escaparate para ver qué toca esa mañana: tortitas con chocolate, huevos de todas las maneras que se pueden llegar a cocinar, quesos, embutidos, repostería recién hecha; mangos, papayas, piñas y frutas tropicales que ni siquiera conozco (como el jobo, el rambután, el cajuil...).

Está ahí cada mañana; pero también a la hora de la comida, con ensaladas, pastas, carnes… y de la merienda, con pastas y canapés. Y sin necesidad de buscar en guías, hacer reservas ni salir fuera del hotel. Fácil, cómodo y delicioso. ¿Qué más se puede pedir?

 

Por viajar dentro del resort

Tapas, sushi, pizza, tacos… son el ABC de los platos que pides cuando sales a cenar a un restaurante o, incluso, cuando la gula y la pereza te hace tirar de un tele-lo-que-sea. Dentro de un hotel Todo Incluido puedo continuar con esta sana costumbre: cada noche voy a uno diferente, con un tipo de comida diferente, un ambiente diferente y una decoración diferente. Elijo según cómo me levante de la siesta, según cómo esté la luna o según las ganas que tenga de bailar. Pero sin echar de menos nada.

 

Porque yo, como Gwyneth...

Que si “ay, cómo me gustaría probar el stand up paddle como Gwyneth Paltrow”, que si “qué divertido el kayak”. Que si “mira la pista de tenis”; que si “qué bonito el yoga al amanecer en el Caribe”... hacer deporte en vacaciones es una realidad muy apetitosa. Y más si el gusanillo pica y tengo la posibilidad de iniciarme en algo nuevo, en esa actividad que siempre me había apetecido pero nunca había tenido la oportunidad tan cerca. Porque hoy, y aquí, es el mejor día para que sea el primer día. 

ARANTXA NEYRA |  20/06/2017

En un Hotel Todo Incluido se puede decir aquello de "póngalo todo en mi cuenta” sin tapujos, siendo lo que me voy a gastar lo único previsible en mi viaje.