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Lisboa con coche Los mejores 'road trips' desde Lisboa

Porque en la carretera se pueden encontrar algunos de los mejores parajes que rodean a la capital lusa

Lisboa es una ciudad perfecta para caminar, con calles peatonales que conectan ‘praça con praça' desde las colinas hasta las orillas del Tajo. Además, sus tranvías, ascensores y funiculares históricos ayudan a agilizar las famosas cuestas del centro. Sin embargo, para saborear de verdad la belleza de Portugal, lo mejor es alquilar un coche o ir con tu propio vehículo. Y es que salir de la cosmopolita Lisboa es disfrutar de la incomparable belleza que ofrece el campo, la costa y las pequeñas joyas arquitectónicas de su entorno.

No obstante, antes de cruzar los límites urbanos, merece la pena explorar todos los encantos de Lisboa empezando por sus miradouros. Estos balcones no tienen nada que envidiar a las vistas desde las carreteras gracias a las numerosas colinas de la ciudad y a la presencia del Tajo. Y como conducir y, sobre todo, aparcar, puede ser complicado, lo más recomendable es dejar el coche en el hotel al menos una o dos tardes mientras se visitan las atracciones más importantes de la ciudad. Entre ellas destaca el Castelo de São Jorge coronando el vertiginoso barrio de Alfama, donde los artistas locales comparten placetuelas y rutinas con los vecinos.

También en el centro, el ascensor de Santa Justa te lleva desde la parte baja de la ciudad (Baixa Lisboa) hasta el Bairro Alto. Este particular medio de transporte, abierto en 1902, ha ayudado a los lisboetas a salvar esta sinuosa colina y hoy es un imprescindible de la urbe. Una vez arriba, el destino está en el mirador de Santa Catarina, donde lo mejor es tomarse un café o una cerveja mientras se contemplan los tejados de la ciudad con el río en el horizonte.

Después de patear el centro, es el momento de coger el coche y atravesar el oeste de la ciudad para llegar a una de sus atracciones más sorprendentes. En el barrio de Belém se encuentran algunos de los monumentos más antiguos de Lisboa como es el caso del alucinante Monasterio de los Jerónimos. Su iglesia es de acceso libre, pero su monumentalidad invita a ser visitado por completo. Junto a la Torre de Bélem (otro imprescindible), el monasterio fue designado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1983.

Una vez en la ribera, lo ideal es pasear por la orilla y por los parques hasta que se va abandonando poco a poco la ciudad. Pero antes de lanzarse lejos de las calles, merece la pena hacer una parada en la cafetería de Pastéis de Belem, donde se prepararon por primera vez estos famosísimos dulces de nata. Y es que no hay mejor avituallamiento antes de partir que tener una de estas delicias en una mano y un intenso café en la otra. En este punto, lo único complejo es elegir dónde ir porque hay mucho que ver, no importa la dirección en la que vayas.

Puede que hayas visto muchos tipos de jardines, pero seguro que pocos tan impresionantes como los del hotel de lujo en Lisboa de Iberostar. Lo encuentras en la terraza de la piscina exterior y son el marco perfecto para organizar tus eventos en la gran ciudad.

HACIA EL NORTE

Muchos de los viajeros que van a Portugal se centran solo en conocer Lisboa y Oporto. Sin embargo, entre ambas urbes hay muchísimos destinos que ver. Tomando dirección norte, lo primero de lo que se disfruta es de un interior asombroso hasta que, al final, se llega a la costa. Y es que, aunque Oporto quede lejos, hay muchas cosas interesantes a menos de dos horas en coche desde la capital en esta dirección.

Antes de partir, es mejor hacer ciertas consultas antes de elegir la ruta. Algunas de las autopistas de Portugal son de peaje donde es fácil pagar con dinero o tarjeta. No obstante, algunas carreteras nacionales exigen realizar el pago con anterioridad ya sea en las gasolineras adquiriendo un ticket o registrando el vehículo online.

Una vez resueltas las dudas y los procedimientos, es el momento de dejar la ciudad en el retrovisor. La primera parada aparece de la nada. Desde la autopista asoma, en la distancia, la espectacular ciudad de Óbidos. Esta ciudad amurallada es todo un espectáculo medieval y visitarla apenas lleva mucho tiempo. De hecho, sus murallas se recorren en apenas cinco minutos. Y es que, aunque sea una joya, no hay que perder –precisamente- el norte ni olvidar el verdadero atractivo del norte: el parque natural de las Serras de Aire e Candeiros.

Una de las vistas más interesantes del parque es la Fórnea, una rareza geográfica única del que se parece mucho a un anfiteatro. La carretera conduce hasta la parte más alta del mismo, desde donde se puede mirar hacia abajo y contemplar esta especie de graderío natural erosionado por los elementos. También merece la pena visitar el Castillo de Porto de Mós, que se eleva por encima de sus alrededores. Además, el parque cuenta con algunas huellas de dinosaurios que datan de hace unos 175 millones de años.

Desde este punto lo ideal es ir hacia la costa hasta dar con la playa de Paredes da Vitória. Se trata de un arenal lleno de formaciones rocosas interesantes que se han ido formando durante siglos. Su belleza se puede disfrutar desde lo más alto y, también, dejando el coche y dando paseo a orillas del Atlántico. Desde aquí, la forma más hermosa y salvaje de volver a Lisboa es por la costa.

 

RUMBO SUR

Tomar esta dirección es, quizás, la forma más impresionante de dejar atrás Lisboa gracias al Puente 25 de Abril. Muchos lo confunden con el Golden Gate de San Francisco, algo muy normal si se tiene en cuenta que ambos fueron construidos por la misma compañía. Desde este icónico lugar se disfruta del sorprendente estuario del Tajo mientras se cruza de un lado a otro hasta llegar al Cristo Rei. Desde esta magnífica estatua se observa en plenitud la ciudad, en lo que supone una digna despedida antes de seguir adelante.

De vuelta la carretera, a apenas 50 minutos en coche desde el Cristo Rei, el Parque Nacional de la Serra de Arrabida espera con los paisajes costeros más bellos de la costa sur de Lisboa. Su reclamo son sus propias carreteras que bordean un litoral salvaje lleno de precipicios sobre el mar. Siguiendo la Estrada de Escarpa (N379-1) desde Aldeia de Irmãos, la ruta se retuerce hasta llegar a los acantilados de Serra de Risco, cuya altura alcanza los 380 metros. El Miradouro Mina da Brecha da Arábida es el mejor punto para observar su grandeza. No muy lejos, el convento de Arrábida ofrece una alternativa cultural donde estirar las piernas mientras se sigue disfrutando del espectáculo del litoral.

 

HACIA EL ESTE

El interior de Portugal está menos explorado y explotado que su fabulosa costa. Pero también tiene mucho que ver desde sus magnéticas carreteras. Este mini road trip desde Lisboa comienza con un regalo: cruzar el puente Vasco da Gama, el más largo de toda Europa y cuyo nombre es un homenaje al explorador portugués que descubrió una ruta marítima desde Europa a la India hace más de 500 años.

En lugar de seguir la línea costera, este viaje remonta el Tajo hasta el interior del país. Río arriba, cruzando de una ribera a otra en un constante zigzagueo, esperan otros viaductos históricos como el puente Rainha D. Amélia cerca de la ciudad de Morgado. Se trata de un antiguo puente ferroviario de principios de siglo que ha sido renovado para transportar el tráfico de coches y peatones.

La siguiente parada es Santarém, una ciudad desde donde se puede contemplar todo el valle del río Tajo desde lo más alto. Para ello, lo más conveniente es poner en el GPS Jardim das Portas do Sol y aparcar en un pequeño parking público que está justo al lado. Una vez cerradas las puertas del coche es el momento de acercarse hasta el mirador para conquistar con la vista todo el valle. Y, si a este mágico momento se le añade una copa de vino tinto de la región, el disfrute es completo.

La última parada en esta ruta hacia el interior es también una maravilla arquitectónica, aunque mucho más antigua que los otros puentes. El acueducto de Pegões, cerca de la ciudad de Tamar, nace justo al lado de la carretera. Tiene cai 6 kiómetros de largo, hasta 30 metros de altura en algunos puntos y unos 180 arcos que fueron diseñados por el arquitecto Filipe Terzi y construidos en el siglo XVII. Quizás lo más sorprendente es que se puede conducir sobre él, aunque también merece la pena observar este prodigio de la ingeniería moderna.

EL SORPRENDENTE OESTE

Puede parecer que no hay mucho al oeste de Lisboa ya que la capital está muy próxima a la costa Atlántica. Sin embargo, no hay que confundir el estuario del Tajo con el Atlántico ya que hay mucho que descubrir entre ambos puntos. Y la mejor manera es al volante. El lujoso enclave de Cascais es el inicio de este pequeño viaje que empieza con un café y un pastel de nata para arrancar con fuerzas y conducir hasta la Boca do Inferno, una serie de acantilados con forma de arco.

Después de maravillarse con este hallazgo natural, la ruta lleva hasta el Cabo Raso, una punta dominada por un faro que continúa en activo. Desde aquí, la carretera se empina hasta llegar a Sintra, una localidad llena de palacios, castillos y fincas que exigen mucho más que una excursión en coche, por lo que conviene reservar un día entero para descubrirlo. Sin embargo, en sus colinas hay miradores imprescindibles que solo se descubren en coche como el Santuário da Peninha, desde donde se ve la unión del Atlántico y el Tajo.

El mejor broche para acabar el día es ir al Cabo da Roca aproximadamente una hora antes de la puesta del sol.  El punto más occidental de la Europa continental está destacado con algunos monumentos y un faro, pero su verdadero tesoro es su horizonte. Para disfrutarlo en plenitud, lo mejor es aparcar el coche, sentarse y contemplar el acantilado mientras el sol comienza a ponerse. Todo es belleza. Una vez que el astro rey ha desaparecido, la vista se centra en cómo se funde el océano con el cielo en la distancia. Casi se puede apreciar la curvatura terrestre. 

El regreso a Lisboa por la carretera costera se adereza con los planes de cena por la ciudad y con la promesa de una noche emocionante. Y es que, por mucho que Lisboa sea sinónimo de diversión, fuera de sus límites hay mucho más que explorar, desde bellos parques naturales hasta playas sorprendentes. Así que lo mejor es elegir un rumbo y dejar que este país te sorprenda con sus secretos ubicados a menos de una hora de su capital. No importa adónde vayas, la majestuosidad de Portugal nunca decepciona

Para que puedas disfrutar de todo ello, te animamos a descubrir nuestro hotel en LisboaSu inmejorable ubicación, muy cerca de la plaza del Marquês de Pombal, la avenida da Liberdade —repleta de tiendas de lujo— y el parque de Eduardo VII, se trata de un lugar perfecto para que puedas empezar a recorrer cómodamente los rincones que cautivaron al mismísimo Fernando Pessoa.

 

JOSEPH D. LYONS I 16/01/2018

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