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Escapada romántica Cinco razones por las que te mereces ese viaje con tu pareja

Divertirse con todos los sentidos es solo el primero de varios motivos para hacer 'esa' escapada.

Reconozcámoslo: lleváis demasiado tiempo posponiéndolo. Que si el trabajo, que si los niños, que si parece imposible hacer que coincidan las vacaciones de los dos... Y, cuando lo hacen, ¡hay que incluir a toda la familia! Pero resulta que viajar juntos -y solos- es mucho menos trivial de lo que parece a simple vista, así que merece la pena encontrar el hueco. Te contamos por qué.

1. Porque toca divertirse ¡y mucho más!

Para empezar -y esto seguro que lo sabes de sobra-, la rutina suele adormecer la pasión y la improvisación. Si lo mejor de la semana es cuando tu pareja te recoge del trabajo y te propone una cena especial aunque sea miércoles, ¿por qué no llevar la sorpresa un poco más allá... e improvisar una escapada de las de no salir del hotel?

Para que el plan surta el efecto deseado, el de hacer que parezca que estamos en un paraíso remoto a cientos de kilómetros de casa (aunque nos separen diez minutos del resort), lo importante es que os concentréis tan sólo en el momento presente. Aplicad esta máxima del mindfulness (una práctica que consiste en prestar atención plena a lo que está pasando, para así conseguir maximizar la experiencia) con objeto de hacer que cada minuto cuente: aparcando los informes por entregar, las tareas de casa y las llamadas que no habéis hecho, lograréis salir realmente de las dinámicas del día a día, desconectar y ¡pasar unos días geniales!

2. Porque hace falta tiempo y espacio para "hablar por hablar"

Entre idas, venidas y responsabilidades parece que nunca hay tiempo para sentarse a charlar. Y no hablamos de repasar la lista de la compra o el calendario de extraescolares: hablamos de bromear, de contaros lo último que habéis leído, de comentar lo pesado que te parece el nuevo novio de tu amiga.

En inglés lo llaman small talk, que no es más que comunicarse por el mero placer de hacerlo, eso que hacen los recién enamorados y que, con el tiempo, tiende a infravalorarse. Regalarse una escapada en pareja permite volver a esas sobremesas infinitas en los bares, a esas largas noches tumbados en la cama donde  todo era puro despliegue de ingenio para fascinar al otro. Porque, por mucho que lo parezca, ese 'yo' deslumbrante sigue estando ahí, solo hay que reavivarlo. ¡Haced que vuelvan esos días y vuestra intimidad lo agradecerá!

 

3. Porque conectar con el otro requiere dedicación

El día a día, en ocasiones, anestesia la espontaneidad ¿por qué no reservar unos días de relax para dejar fluir lo que verdaderamente sentimos? Ya sabemos que, incluso por cansancio, relegamos para más tarde cuestiones que son verdaderamente importantes para la pareja, dejando que el tiempo lo cure todo cuando, a veces, solo lo enquista.

Pero, claro, plantear algo así entre la llegada a casa y la cena suele ser complicado. Lo ideal sería crear un clima de relajación, en el que los dos contéis con tiempo suficiente y ninguna obligación a la vista. Entonces, en esa atmósfera de desconexión, en la que, además, estaréis solos, será mucho más fácil que surjan todos estos temas de pareja que os rondan por la mente pero para los que nunca encontráis el momento.

Además de saber plantearlo, es clave poder construir un clima y una forma de tratar los dilemas que haga que la comunicación sea tolerante y calmada. Por eso la ecuación de tiempo más confort lejano más empatía es la más propicia para encauzarlo todo. Merece la pena intentarlo, porque, como postulaba sabiamente Eric Fromm en 'El arte de amar': "El amor es un desafío constante: no es un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos".

4. Porque sois diferentes

Cuando empezasteis a salir quizá erais mucho más jóvenes; vuestras prioridades eran otras, y vuestra personalidad, aunque probablemente siga siendo similar, poseía otros matices. Seguro que han sucedido muchas cosas desde entonces, y aunque algunas os han hecho evolucionar, a lo mejor ni siquiera lo habéis notado.

Durante unas vacaciones juntos tenéis la oportunidad de re-conocer al otro, de hacer F5, de refrescar las percepciones que se tienen del otro e, incluso, descubrir un nuevo yo. Daos la oportunidad de volver a miraros por primera vez, de aislarlos en algo tan maravilloso como es la convivencia más relajada sin preocupaciones, mostrando esa nueva versión de cada uno e, incluso, jugando a encontrar las diferencias entre cómo era la otra persona antes y cómo es ahora. Sobre todo para lo bueno.  Volvemos a citar a Erich Fromm, cuando decía: "Se llega a conocer a la persona 'amada' tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor decir tan poco. Si la experiencia de la otra persona fuera más profunda, si se pudiera experimentar la infinitud de su personalidad, nunca nos resultaría tan familiar -y el milagro de salvar las barreras podría renovarse a diario-".

Quién sabe, quizá su reticencia a catar platos exóticos haya disminuido con el tiempo, o ahora esté más abierto a la posibilidad de hacer esa ruta de senderismo que te mueres por recorrer. De hecho, un viaje en común puede ser la oportunidad perfecta para que ambos os lancéis a probar cosas diferentes, especialmente, si esas cosas son importantes para vuestra pareja. Y también puede ser un excelente entorno para trabajar la empatía, y tolerar de mejor gana todo aquello que os hace distintos. Al fin y al cabo, descubriros, redescubrirse a uno mismo y constatar que todos los cambios y evoluciones pueden ser a mejor.

 

5. Porque crearéis nuevos y maravillosos recuerdos

Al final, cuando echamos la vista atrás, ¿qué es lo que recordamos? ¿Las cientos de comidas frente al televisor... o ese largo paseo que os permitió subir aquella colina y vislumbrar la cala más espectacular que habíais visto nunca? Por supuesto que hay que encontrar placer en los detalles del día a día, pero estaremos de acuerdo en que todo es mucho más agradable si logramos que nuestro día a día sea memorable.

Piensa en un álbum de fotos, en esos grandes, de cuero, de los que pasan de generación a generación. Lo que hay dentro es, en cierta medida, aquello que ha definido los momentos más alegres de vuestra existencia, y será precisamente eso lo que paséis a vuestra progenie, en el caso de que tengáis, y el mayor recuerdo que tenga de vosotros la posteridad.

Allí estará la instantánea de vuestra boda (o de cualquier evento de similar importancia para vosotros), las fotos de los cumpleaños, las reuniones con amigos, el nacimiento de los hijos o los sobrinos... Y, claro, todos vuestros viajes, y las sonrisas de verdadera felicidad que nacen del descanso, la sorpresa y el placer de unas buenas vacaciones.

Lo que queremos, vaya, es un hotel Adults Only en el que la banda sonora sea el silencio -si acaso, roto por unas armónicas notas de jazz-. En el que los únicos y absolutos protagonistas seáis vosotros dos. Y en el que os propongan experiencias orientadas a la pura felicidad adulta, como masajes en pareja, brunch en la habitación (sí: ¡BRUNCH en la habitación!), cenas románticas, masterclass de cócteles... O, por qué no, la LUNA. Porque resulta que Iberostar posee un programa llamado Ask for the moon que va precisamente de eso: de hacer vuestros sueños realidad. ¿Y no es acaso eso lo que vamos buscando cada vez que salimos de viaje juntos?

MARTA SADER I  06/11/2017