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Turismo urbano Un Budapest para cada viajero

Más allá de su patrimonio, la metrópolis magiar ofrece planes para todos los gustos, edades y escapadas.

La capital de Hungría ofrece tantos recorridos como tipos de viajero. Los amantes de la cultura, la historia y el arte descubrirán una oferta inabarcable de actividades que realizar y lugares que visitar. Pero los que quieran ir a relajarse y descansar también encontrarán una amplia gama de planes románticos que hacer en pareja. Todo dispuesto a orillas del Danubio, que divide a la ciudad en dos mitades: Buda y Pest.

UN PASEO POR SU HISTORIA

Innumerables museos, monumentos y lugares históricos deleitan a diario en Budapest a todos los que quieran descubrir y profundizar en la cultura y la historia de Hungría. Uno de los edificios más icónicos y visitados de Budapest es el Parlamento, con su elegante fachada neogótica de color blanco y bóvedas granates (obra del arquitecto húngaro Imre Steindl, que quedó ciego meses antes de su inauguración) dispuesta a orillas del Danubio. Acoge las reuniones de la Asamblea Nacional de Hungría y es visitable en su mayoría, con derecho a ver la Sala de la Cúpula y la Antigua Cámara Alta entre otras estancias. Los jardines florales de su exterior también ofrecen un paseo de lo más agradable.

Otra visita ineludible para los amantes de la historia es el Castillo, en la zona de Buda, protegido como Patrimonio de la Humanidad, al que podemos llegar a pie, en bus (líneas 16 ó 16A), funicular o metro (parada Batthyány tér). Está levantado en la colina que hay a pies del Danubio, y ofrece un recorrido de un kilómetro y medio a lo largo del cual hay numerosas iglesias, museos, monumentos, edificios de interés histórico y diversas galerías de arte. Todo ello sin olvidar las impagables panorámicas que su privilegiada posición ofrece de Pest.

El Museo Casa del Terror es uno de los más visitados, donde se detallan los avatares que sufrió el pueblo húngaro durante el pasado siglo. Un total de cuatro plantas que documentan las penurias que experimentaron las víctimas, con las celdas aún en pie y un escalofriante tanque rodeado de las fotos de los caídos.

BANDA SONORA PARA UNA CIUDAD DE PELÍCULA

La relación entre los pentagramas, los acordes y las calles de Budapest es íntima y multifacética. Y es que esta urbe tiene notas e iconos para todos los oídos. Los fans de Michael Jackson pueden ir a homenajear a su ídolo al parque de Erzsébet tér, al que se puede llegar paseando por la calle Bécsi. Allí encontrarán el Michael Jackson Memorial Tree, un árbol que se convirtió de forma espontánea en todo un santuario el día de la muerte del Rey del Pop y donde sus seguidores siguen dejándole todo tipo de dedicatorias, fotografías, poemas y velas encendidas.

Aunque si lo nuestro es la música clásica, lo mejor es ir tras los pasos de Franz Liszt. En primer lugar podemos visitar la antigua casa de este famoso compositor romántico del siglo XIX, donde también tenía montada su academia, reconvertida hoy en el Liszt Ferenc Memorial Museum: además de sus antiguas estancias, programan conciertos los sábados, casi todos de piano y algunos de ellos gratuitos. Su antigua academia se reconstruyó en la actual Academia de Música Franz Liszt, que además de albergar la Universidad de Música tiene también sala de conciertos y la colección Liszt, con manuscritos y libros de artista. Otro lugar altamente recomendable es la Ópera de Budapest donde, además de poder explorar sus interiores en visitas guiadas, se programan en su teatro actuaciones de ópera, coros o ballet casi a diario y para todas las edades.

Los amantes de la música popular tienen su cita obligada en el Sziget Festival. Se celebra siempre a mediados de agosto (la próxima edición será del 8 al 15) en la Óbudai-sziget ('Old Buda Island'), una de las islas que flotan en mitad del Danubio, con estilos para todos los gustos: rock, punk, ska, metal, pop, música electrónica... Han pasado artistas de la talla de Prince, Patti Smith, Rihanna, Iggy Pop, Korn, Sex Pistols o Bad Religión, y este año lo visitaron casi medio millón de personas de más de 100 nacionalidades diferentes.

Los amantes de la espeleología hallarán en Pál-völgyi-barlang el sistema de grutas más extenso del país. La cueva alberga numerosas formaciones rocosas (estalactitas y estalagmitas) y es apta para todas las edades, así que se puede hacer en familia con dos opciones de ruta: larga y corta. Mátyás-hegyi-barlang es más aventurero, puesto que aquí la ruta no está desarrollada y tocará gatear, ir de rodillas y sortear estrecheces varias. Szemlő-hegyi-barlang, por su parte, está denominado como el jardín florido de Budapest, con más de 2.000 kilómetros de pasajes decorados con formaciones minerales. Tiene una parte habilitada para la visita con ropa de calle. En las otras opciones tienen servicio de alquiler de ropa especial y frontales.

PARA QUERERSE SOLO O EN COMPAÑÍA

Pero si a lo que hemos ido es a descansar y volver como nuevos, el amante del wellness se encuentra en la Ciudad de los Balnearios, con más de cien manantiales geotérmicos y el mayor sistema de cuevas de aguas termales del mundo, cuyas temperaturas oscilan entre los 20 y los 80ºC. Los Baños Széchenyi son los mayores baños medicinales de Europa, además de los más calientes y profundos de la ciudad. En su interior, albergado en un edificio neobarroco, encontraremos innumerables saunas y salas de vapor de fuerte olor a azufre. En el exterior, tres piscinas al aire libre, con la emblemática tabla de ajedrez en la de agua caliente para echar una partida en remojo.

También son famosas las propiedades curativas de sus aguas. En los Baños Lukács, termas de origen turco cuyo calor permite que sean disfrutables durante todo el año, tenemos una amplia gama de tratamientos terapéuticos (como el de lodo) orientados principalmente a enfermedades articulatorias, donde los baños se complementan con multitud de masajes. Tanto en la entrada de estos baños como en sus alrededores también podremos beber sus aguas medicinales en diferentes salas de ingesta, con propiedades orientadas principalmente a problemas digestivos. Por su parte, los Baños Rudas son los baños turcos más antiguos (construidos en el año 1550) y mejor ornamentados de la ciudad, conservando aún la cúpula original otomana y la piscina octogonal.