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Más allá de Chichen Itzá: ruinas mayas que merecen ser descubiertas

En una zona que abarca América Central y el sur de México, la civilización maya prosperó con millones de habitantes y con unas raíces históricas que se remontan a hace más de 2.500 años. Los mayas practicaron la agricultura avanzada, estudiaron fenómenos astronómicos, crearon calendarios muy precisos, así como complejos sistemas de escritura basados en jeroglíficos.

Uno de los detalles más llamativos y curiosos de Ek Balam es un templo cuya puerta parece la boca de un monstruo feroz. Otro de sus imprescindibles es la pirámide de la Acrópolis, con más de 30 metros de altura que se puede escalar. En su cúspide las vistas permiten descubrir otras ruinas a lo lejos, incluso se divisa Chichen Itzá.

También sorprende la tumba del rey Ukit Kan Le'k Tok, una construcción que destaca por las estatuas de guerreros alados que se conservan casi a la perfección. Además, el hecho de ser un lugar recientemente descubierto hace que sea muy común ver a arqueólogos trabajando en su hallazgo.

 

Cobá

Las ruinas de Cobá, en el estado de Quintana Roo, están ubicadas a lo largo de dos lagunas y en maya significa "agua movida por el viento". Aproximadamente 50 caminos antiguos y calzadas hechas de piedra y yeso, unas antiguas carreteras conocidas como sacbes, convergen en el centro de Cobá. Algunas de estas vías llegan a medir hasta 100 kilómetros, conectando esta antigua urbe con las ruinas de Yaxuná. Esta compleja red de carreteras demuestra que Cobá fue un importante centro de comercio y agricultura, muy próximo a grandes fuentes de aguas dulce, dos factores que hicieron que alcanzara una población de más de 50.000 habitantes. Con el paso del tiempo, las poderosas ciudades-estados de Puuc y Chichén-Itza superaron Cobá y su influencia disminuyó significativamente hasta que la otrora poderosa capital fue abandonada durante la época de la conquista española de la Península en 1550.

Las pirámides de Nohoch Mul son algunas de las más altas de la península de Yucatán. La empinada ascensión por las 120 escaleras hasta la cúspide del templo de Ixmoja ofrece una vista de la antigua aldea y de su red de caminos, así como una panorámica espectacular de la selva que se esparce como una alfombra verde con antiguas pirámides aún por excavar que asoman entre los árboles. Hay muchos objetos históricos interesantes en Cobá, incluyendo varias tablillas fúnebres talladas, así como inscripciones jeroglíficas y calendarios mesoamericanos (como aquel que pronosticaba el fin del mundo en 2012).

Las aves y las mariposas revolotean por las ceibas que brotan entre las piedras mientras que, en ocasiones, se observan monos araña de rama en rama. Las ruinas de Cobá están muy repartidas, por lo que es habitual optar por alquilar una bicicleta o un rickshaw para llegar hasta el observatorio astronómico y el sorprendentemente bien conservado campo de deportes.

 

Muyil

Pese a estar a 15 minutos en coche desde Tulum, la zona arqueológica de Muyil es mucho menos visitada que otras ruinas mayas. Este asentamiento, antiguo aliado de Cobá, resiste en silencio entre los sonidos selváticos de la reserva de la Biosfera de Sian Ka'an, que en maya significa "donde nace el cielo"), hogar de ocelotes, pumas y jaguares, así como de varias especies de monos, tortugas y cocodrilos. Las ruinas aquí son algunas de las más antiguas de México ya que datan del año 300 a. C. La peculiar esbeltez de su pirámide y sus bordes afilados, así como las cámaras subterráneas que oculta, hacen que Muyil sea realmente especial entre la arquitectura de la antigua Yucatán.

Muyil sobresale, también, por la fuerte presencia de las deidades femeninas, sobre todo de la diosa maya de la luna. El Castillo, una construcción que alcanza 17 metros de altura, se utilizaba como faro para los cazadores que se guiaban en la noche gracias a la luz que desprendían las hogueras que se encendían en su cima.

La relevancia de los árboles en Muyil es tan notable que este lugar también se conoce como Chunyaxche, que significa “tronco ancho de Ceiba”. Esta planta es, a grandes rasgos, la versión maya del Árbol de la Vida y crece en toda el área de los alrededores y su espesura proporciona la sombra necesaria ante la amenaza del sol tropical. Entre las diversas teorías, destaca la que considera que éste fue un enclave importante para el comercio del jade, la sal, la obsidiana, las plumas, el chocolate, la miel y la goma de mascar, ya que se conectaba con el mar gracias a una serie de canales. De hecho, hoy en día hay tours en barca por estas vías acuáticas a través de la reserva de la Biosfera. También es muy popular realizar marchas de senderismo que tienen el aliciente del baño en el lago Chunyaxche y de la ascensión a la torre de observación desde donde se domina la laguna y la selva.